La gastronomía asiática puede dividirse en dos subgrupos
principales: la del Este de Asia y la del Sureste Asiático. Es por ello por lo
que, cuando se hace referencia a la cocina asiática, no debe confundirse con
la cocina oriental, ya que
esta última hace referencia a la zona que abarca desde el sur de Siberia
oriental hasta Indonesia, incluyendo Japón, Mongolia, Corea, Tailandia, Vietnam y
casi toda China.
Las distintas cocinas asiáticas tienen en común el uso
abundante de varios tipos de pescado procedente de los océanos Pacífico e
Índico. Por otro lado, el consumo de arroz es también otro de los hábitos estrella dentro de la
gastronomía asiática en general, así como de vegetales y especias variadas.
También comer algas, pescado crudo, bambú o aleta de tiburón, entre otros
ingredientes poco comunes, resulta exquisito para la mayoría de asiáticos.
En
general, en la cocina asiática se intenta equilibrar y conceder la misma
importancia a todos los aspectos del plato: color, sabor y aroma. En China, por
ejemplo, este equilibrio intenta conseguirse en los primeros platos de un menú
típico mediante tres o incluso cinco ingredientes distintos. Los colores rojo,
amarillo, negro, marrón y blanco suelen ser los más habituales en sus platos
tradicionales.
La principal ventaja de la cocina asiática frente a las
gastronomías occidentales es que sus platos contienen menos hidratos de
carbono, azúcares y grasas. Esto se consigue fundamentalmente gracias al
consumo alto de pescado, el cual favorece la circulación. Las frutas y las
verduras se consumen a diario, en detrimento de los productos procesados, poco
comunes en los países asiáticos.
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